Reconozcámoslo, los djs tenemos muy mala prensa. Somos un gremio que se encuentra en una Tierra de Nadie entre aquellos a los que se considera “músicos de verdad” y los antiguos “pinchadiscos” que básicamente se dedicaban a empalmar un disco con otro sin dejar un silencio por medio.
Pero los años han pasado y la figura del DJ ha evolucionado espectacularmente. No sólo la tecnología ha creado un amplísimo abanico de herramientas para nuestro trabajo, sino que nuestra propia figura ha crecido exponencialmente. Hemos pasado de ser el tio raro de los guateques de los 70 a convertirnos en las indiscutibles estrellas de las grandes fiestas y los mayores festivales del mundo. Solo ahora parece que la industria musical comienza a prestar atención a esta panda de frikis que se dedica a “triunfar con música de otros”.
Todo este progreso y todo este crecimiento ha traido, como es inevitable, cosas buenas y cosas malas. Eso es de lo que quería hablar en mi primera aportación a este espacio que me brinda Deejay.es. Pero sobre todo de una cosa muy importante, y que no se puede cambiar por mucho que cambien los tiempos: el CORAZÓN.
Primero fue el vinilo. Luego el CD. Después las nuevas mesas acompañadas de espectaculares unidades de efectos. Aparecieron los primeros sistemas digitales para DJ como el Final Scratch. Nació Beatport. Los sistemas digitales de mezcla evolucionaron, apareciendo recientemente los controladores “todo-en-uno”, y con ellos nació el diablo, el anticristo para muchos… un demonio llamado “SYNC”.
Para los profanos, os diré que “sync” es una función de muchos sistemas digitales de mezcla que permite cuadrar la velocidad de dos discos de manera automática. La mayor dificultad con la que alguien ajeno a unos platos y una mesa solía encontrarse, de repente desaparecía con la simple pulsación de un botón. Muchos se echaron las manos a la cabeza. De repente, CUALQUIERA podía convertirse en el rey de las cabinas con tan solo pulsar un botón. Vieron antes la parte mala del asunto.
No os digo que yo tampoco la viera, que lo hice… pero, ¿Y las posibilidades que se abrían delante de nosotros?. Yo he sido un romántico aferrado al divino disco de vinilo durante casi toda mi carrera. Y mientras pude, seguí apostando por él. Y sigo defendiendo su pureza y lo maravilloso que es sentir que, literalmente, tocas la música que estás poniendo. Y ni que decir tiene que ningún MP3 supera la calidad de sonido que extrae la aguja, eso es un axioma: lo analógico siempre tiene más matices que lo digital. Pero he descubierto las posibilidades que se abren delante de mí aprovechando la tecnología. Ahora es posible modelar la música a muchísimos mas niveles, para conseguir sesiones aún más ricas y completas. El tiempo que antes dedicaba en cuadrar dos discos, ahora lo empleo en preparar mi próximo salto mortal en forma de mezcla o de efecto…
Pero volvamos a los demonios: SYNC. Y la parte mala. Efectivamente, ahora cualquiera sin apenas conocimiento puede ponerse la etiqueta “DJ” delante de su nombre. Un simple botón y un marketing adecuado pueden convertir a cualquier personaje con algo de fama y carisma en toda una superestrella. ¿Es eso justo?. Por supuesto que no, pero amigos… no nos engañemos: EL MUNDO NO ES JUSTO.
Personalmente, a mi, lo único que me importa es que no me confundan con ese tipo de gente, algo que desgraciadamente ocurre, ya que no todo el mundo tiene un conocimiento tan profundo del universo DJ como podemos tener casi todos nosotros, eso es así. Explícale tu, por ejemplo, a mi madre, ávida consumidora de la programación de telecirco, que la profesión de su hijo y la del hijo menor de la Pantoja no es la misma.
Por una parte, cualquiera tiene derecho a ganarse su sueldo como pueda, sepa, o le dejen. Si hay gente capaz de robar, de dejar en la calle a familias o de vender su honor por un puñado de euros… ¿Qué derecho tengo yo para condenar a alguien porque le paguen por ir a una discoteca, poner unos discos, y sacarte unas fotos para que tus fans las cuelguen en tuenti?. Para mi, lo importante de todo esto es conseguir diferenciar a toda esa turba de aprovechados cuyo afán es ganar dinero de forma rápida y facil (como probablemente todos han hecho durante toda su vida) y que lo que venden es simple y puro ESPECTÁCULO de otro tipo de gente, que SIENTEN lo que hacen, que AMAN la MÚSICA y que buscan ofrecerte un espectáculo muy diferente y menos dantesco.
Y ahí es donde entra aquello de lo que os hablaba al principio de estas líneas. El CORAZÓN. ¿Un dj nace o se hace?. Pues amigos, primero nace y después se hace. Hay que NACER con una inquietud especial, con una sensibilidad diferente y con un afán por aprender cada día que te permitan HACERTE como artista. Hay que sufrir mucho, hay que sacrificar y sacrificarse, y eso sólo se consigue con corazón. Por eso cuando estás en la pista hay muchas veces que bailas, pero hay otras veces que te emocionas, que el pulso se te acelera y que sin saber por qué sientes una euforia diferente a todo lo demás: eso es un DJ que está usando la música para contarte una historia, para expresar sentimientos o simplemente para conseguir un oasis de felicidad mientras dure su sesión para que podamos olvidar la enorme manzana podrida que nos rodea. Y cuando alguien consigue eso, es porque a un talento innato, le une el corazón.
Y por mucho que avance la tecnología, y aunque exista un botón de sync, nunca habrá un botón de FEEL.
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