Educa que algo queda

Hace unos días un buen amigo y mejor productor reflexionaba a corazón abierto en Facebook sobre la tristeza que le causaba el hecho de que cuando buscaba su último lanzamiento en Google los primeros resultados eran de links para descárgaselo gratuitamente. Yo apenas produzco la verdad; en estas artes soy mediocre y no tengo mucho tiempo para dedicarle al Cubase. Además, sobre todo, como no me gusta firmar obras de las que no soy autor y único productor no me suelo prodigar en colaboraciones desequilibradas en lo creativo. Creo que sabéis a lo que me refiero: uno produce y el otro trae las pizzas y la cerveza.

Volviendo a donde estábamos, jode mucho hablando en plata que el máximo proveedor de información del planeta no te ofrezca enlaces a sitios legales donde poder comprar tus trabajos en las primeras posiciones. Eso sin mencionar que no estaría de más que directamente las páginas de descargas gratuitas no aparecieran en la lista, pero no vayamos a pedir tanto. Existe algo que se llama libre albedrio; los seres humanos tenemos el poder de tomar la decisión que sabemos correcta o por el contrario no actuar honestamente.

No me gusta ser repetitivo y sé que ya he hablado del tema muchas veces, pero no considero que vaya a hacer daño a nadie que me haga un poco pesado y lo repita: tenemos que conseguir que se compre más música. Así de simple. Y no es que pretenda que las grandes superstars puedan cambiar el color de su jet privado con esos ingresos adicionales. La verdad, estos no me preocupan demasiado. A esos los pinchamos relativamente poco, esos no necesitan de nuestra pasta; ya se la llevan cuando hay gente que paga 50 pavos o más para verlos actuar, en muchos casos bien gastados todo sea dicho. Me preocupan los que nos deben preocupar a todos. Los que hacen la música con la que la colectividad de djs llenamos nuestras sesiones, los que componen esos temas que nos sirven como hilo conductor de la noche o que nos dan el toque de distinción. Gente como nosotros que a final de mes no gana más que la media de los currantes de este país. No sé a vosotros, pero a mí me gusta poner sonidos bien trabajados, con una masterización correcta y si es posible con músicos involucrados y la mayoría de instrumentos reales. Eso supone un gasto en horas de trabajo y pagos a músicos y otros profesionales que hay que asumir.

No creo que sea demasiado pedir que por lo menos los que más o menos nos ganamos la vida en las cabinas, y todos vosotros que leéis esta publicación porque amáis la música electrónica aunque no os dedicáis a esto para vivir, paguemos por la música que disfrutamos. Muchos de nosotros tenemos cientos de promos al mes, pero pese a eso opino que hemos de hacer el esfuerzo de ir y comprar. No creo que la mayoría de productores pretenda hacerse rico con ello (aunque seguro que ninguno de ellos descarta esta opción si se presenta claro), lo hacen porque les apasiona su trabajo, pero todo tiene un límite. Una de mis producciones llego a número diez en Traxsource hace bastantes años y no me dio casi ni para invitar a cenar a los músicos. Supongo que a muchos os habrá pasado algo parecido. Lo haces sí, porque te gusta, pero si acaba suponiéndote un gasto de tiempo y dinero que quizá no te puedas permitir dejaras de hacerlo. Por este camino, y pintándolo lo más negro posible, podría llegar a suceder que la producción independiente de calidad desapareciera y lo único que tuviéramos como opción para pinchar fueran producciones de aficionados regaladas o hits comerciales de grandes nombres porque son los que siempre tendrán ese remanente de cliente consumidor de radio fórmula electrónica que además es el que, como decía antes, suelta la pasta para verlos en directo.

Ahí va otra de abuelito cebolleta que seguro que ya os sabéis: un tema house producido por uno de los más grandes productores y en máxima calidad de sonido (me estoy poniendo en el más caro de los escenarios posibles) cuesta actualmente unos tres euros (500 pesetas). Hace 25 años pagábamos 1600 de las antiguas pesetas (unos diez euros) por cada maxi-single de importación –que eran la mayoría-. Los editados en España nos salían mas baratos, sobre unas 600 pesetas, pero la calidad de sonido solía ser pésima y el plástico malo, por lo que comprábamos los mínimos posibles. Voy a obviar la parte en la que expongo la diferencia entre lo que se cobraba hace 25 años y lo que ganamos ahora –la clase media dj- porque está de más, pero como supondréis la diferencia es grande. En resumidas cuentas: nunca en la historia habíamos tenido la posibilidad de acceder y disfrutar de tanta oferta a tan poco coste. Se escuchan muchas voces reivindicando la vuelta al vinilo como único camino, pero yo no creo que se pueda ni se deba volver atrás. La memoria es muy selectiva y solemos acordarnos principalmente de lo positivo, y la era del vinilo tenía muchos aspectos que el actual modelo digital ha mejorado mucho. La principal es el acceso a toda la música en cualquier momento. Cuantos meses de agosto agobiado he pasado porque no llegaba ni una sola novedad y tenía que tirar de los mismos discos todas las noches.

Las descargas gratuitas solo disminuirán si invertimos en educación y pedagogía. No hablo de inversión económica, hablo de inversión ética. Todos hemos pecado, yo el primero, pero estamos a tiempo de tomar conciencia de que podría estar en juego algo demasiado importante para dejar que se pierda. Me diréis: “pero si cada día hay mas sellos…” , tenéis razón cada día hay mas sellos pero no más música. Hay muy buenas producciones sí, pero hay que bucear mucho entre morralla barata a base de librería prefabricada para encontrar las joyas. ¿No os habéis preguntado nunca que fue de ese productor X que saco esa joya hace 4 o 5 años y del que no se ha sabido más? Probablemente se canso de gastar su tiempo y su dinero.

Nosotros los profesionales podemos hacer mucho al respecto. Yo ya lo hago y conozco otros djs que también lo hacen. Siempre que me preguntan por un tema doy el titulo y el sello e insto a que por favor lo compren si les gusta. He reducido al mínimo la producción de sesiones en Cd o Soundcloud libres de jingles para que no sean utilizadas para musicalizar locales y no tengo la costumbre de ir pasando música a nadie. Si me gusta una canción de la sesión de alguien le pregunto y la compro, por lo que espero que los demás hagan lo mismo. No es por ser borde o celoso de lo que he conseguido encontrar (que también tenemos derecho a serlo un poco), es porque si cuando nos gusta un tema lo compramos ayudamos a que los pequeños labels con enormes productores que nos procuran ese placer tan especial de escuchar y pinchar un buen track tengan una posibilidad de seguir vivos.