Miles de personas desfilaron durante el pasado fin de semana por el descampado anexo a Arganda del Rey que cada dos años acoge al festival Rock in Rio. Que, paradógicamente, cada edición que sucede es más electrónica que la anterior. Hasta el punto de que en este, tres de los cuatro días tenían un cabeza de cartel electrónico como protagonista.
Grandes nombres del mainstream mundial como Carl Cox, Swedish House Mafia, Calvin Harris, Martin Solveig, David Guetta o Deadmau5 desfilaron durante todo el fin de semana por el Escenario Mundo. Y cada cual recibió el calor de público a su manera.
Sin duda, el que más público aglutinó a lo largo del fin de semana fue el francés y número uno del mundo, David Guetta. Como pocas veces se había visto, el escenario mundo ya estaba a rebosar desde la actuación del francés Martin Solveig para el ver al rubio hacer la sesión a la que nos tiene acostumbrados, house comercial, casi todos los temas de cosecha propia, edits de sus temazos más populares y drops que hacen botar a los post adolescentes como locos.
Pero sin duda, los grandes atractivos del cartel eran, por diversos motivos, Swedish House Mafia y Deadmau5. Los primeros por ser su primera y única actuación como grupo en la península ibérica antes de su definitiva separación. Y el segundo por no podrigarse en exceso fuera del continente americano, por lo que su visita despertó la admiración de sus incondicionales.
Día 2: SHM con warm-up y after party.
El jueves fue, de largo, el día de menos asistencia de público. La cancelación in extremis del concierto de Rihanna hizo que mucha gente se bajara del carro a última hora. Hasta el punto de que en los puntos de partida de Santiago Bernabéu y Arganda del Rey, la gente revendiera las entradas desde 20 euros, según el caso.
Más allá de esto, la noche estaba extremadamene mal configurada. Calvin Harris empezó su actuación a las 20.45, con un aforo bastante justo. Paro colmo, la siguiente artista tras Harris era Amaia Montero, por lo que el inglés no pudo disfrutar de un foso lleno de gente. Su sesión, previsible. Feel so close, Hangover, Up, Levels o We found love, su colaboración con la ausente Rihanna fueron los grandes momentos del atardecer.
Tras el bajón de la Montero y esperar en la carpa electrónica con los "djs" de Máxima FM durante una insufrible hora y media (por favor, que alguien les explique como se hace un mashup) volvimos a la principal para coger sitio de cara al concierto de los suecos. Se puede decir que el 99% de la gente que acudió ese día estaba a los pies del trío.
Con su ya clásica sábana gigante, comenzó la sesión a ritmo de Greyhound. Caída y éxtasis general con Axwell a los mandos. En su defensa, he de decir que son mucho menos histriónicos de lo que jamás pudiera imaginar. Igualmente, pinchando, no son tres hombres "toqueteando botones" como muchos afirman. Suele pinchar uno, por turnos de aproximadamente diez minutos mientras los otros echan un vistazo a la carpeta. Efectivamente, espolean al público a base de palmas y gestos, y puntualmente, se suben a la mesa en los momentos de clímax. Aparte claro está del megahit One, que lleva una coreografía con el índice de los suecos fijos en el cielo y los claps de la canción perfectamente sincronizados.
Por lo demás, no faltó ni uno de sus mejores temas y remixes. One, Greyhound, Miami 2 Ibiza, Save the world, Antidote y remixes de altura como el de Axwell sobre el tema In my mind o el de Tommy Trash de Ladi Dadi. Tras un cierre con guiño trancero (remix de Arty del tema Punk de Ferry Corsten) dejaron paso al gigante británico del techno, Carl Cox.
El inglés se marcó una sesión puramente tech-house. Muy bailable, perfecto para todo el espacio que había quedado a pie de cabina. Y es que tras los suecos la espantada del soberano fue exagerada. Para el cierre de su sesión, apenas había un puñado de fieles quemando zapatilla.
Día 3: House comercial para todos
Por este orden: Wally lopez, Pete Tong, Martin Solveig, David Guetta, Pitbull y Afrojack. En todas sus corrientes y formas, el house más comercial fue el protagonista del escenario principal durante todo el día. Desde el final de la actuación del gran maestro inglés Pete Tong, el público ya era extremadamente numeroso. Comparado con el día anterior a la misma hora, se puede decir, tranquilamente, que había cinco veces más personas. Y eso que la fiesta era mucho más larga, ya que el holandés Afrojack salía a escena a las 4.30, hora a la que el día anterior Carl Cox había puesto punto y final al día.
Poco hay que añadir con gente tan mainstream, nada que analizar, ni artística ni musicalmente. Cada cual, a excepción del imprevisible y ecléctico Pete Tong, tiró de repertorio propio y sonidos mascados y actuales, con poca técnica a los platos. Pero el público nada quiso saber de esto, ya que estuvo al máximo desde el principio hasta el final.
Si lo que se buscaba era calidad para eso estaba, hoy si, la carpa electrónica. Con los españoles Paco Osuna y Cristian Varela como principales atractivos de un cartel completado por Dj Shults, Fatima Hajji y Mark Marzenit. Techno duro, contundente, nada que ver con el de Cox el día anterior. Y lo que más gustó a los allí presentes, gran técnica a los platos.
Día 4: básicamente, el ratón
La crónica del Sonar lo decía alto y claro. Si no has visto nunca al ratón, tienes que hacerlo una vez en la vida. Espectáculo más allá de la música y la mezcla (¿qué se puede esperar sino de un hombre que pincha con una cabeza de ratón gigante puesta en la cabeza?).
En un día para nada electrónico, esta jornada era más clásicas en las de Rock in Rio. Ver un concierto y no tener a nadie parecido alrededor en el siguiente. Deadmau5, con seguridad, no decepcionó a nadie. Contadas son sus salidas del continente americano al año.
El canadiense tiró de clásicos como Ghost'n stuff, Raise your weapon, Strobe, I remember o Soffi Needs a ladder. Éstos fueron solo algunas de las perlas que el canadiense brindó a un público entregado.
Para desdicha de los más electrónicos, los mejores platos de la carpa electrónica, Steve Lawler y Uner coincidían en horario con el ratón. Un fin de semana de electrónica para todos los gustos, pero no para todos los bolsillos.
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