Skrillex: Vini, vidi, vici

Cuesta mucho digerir cómo un hombre que hace apenas dos telediarios se dedicaba a las vocales del metal más burro hoy es un fenómeno de masas a nivel mundial. Allá donde va no solo deja su impronta, sino que el personal pretende recordar la noche como una de las míticas de su vida. Y viendo al soberano del pasado viernes en Fabrik podemos confirmar estas premisas. La discoteca del sur de Madrid estuvo a rebosar como casi nunca para presenciar los "malabares" del californiano en la cabina. A las 3:05 de la mañana servidor entraba en una sala tras una cola mastodóntica, cinco minutos después de que el rey del dubstep más comercial saliera a escena... Y resultó imposible pasar de la puerta. La sala estaba totalmente atestada de gente, lo que hacía que acercarse a la cabina fuera un nimio entrenamiento para enfrentarse a las decenas de "pogos" que allí abajo se cocían.

Como leen, los bailes más salvajes en los breaks del californiano ya no se daban solo en la pista, sino en los pasillos y en la puerta de los aseos. Para los no extremadamente motivados con los "wiwiwiwiiii" llegó a resultar muy agobiante. Pero cierto es que casi nadie estaba reparando en eso, solo en bailar. La solución fue volver al punto de origen y ver al de look lésbico desde el final de la sala.

Ya una vez establecidos, pudimos disfrutar del espectáculo del americano, aunque el verdadero show fue ver como el público respondía a sus temas y a sus intervenciones a micro en mano, siempre con un "fucking" entre medias. ¿Qué que ofrece musicalmente este talento descubierto por la mano de Deadmau5? Esa es la gran pregunta. Tal vez sea el parecido armónico de su música con géneros no electrónicos. Hecho que podía ser comprobable al presenciar el tipo de público allí presente. Desde altenatas a pseudo punkies, pasando por indie-modernillos, proto-heavies... O tal vez porque ofrece moverse sin algoritmo alguno. Pura descarga de adrenalina y de energía a base de saltos, empujones, gritos... y postureo.

Musicalmente, las sesiones de Skrillex llevan una dinámica muy clara, cristalina. Parte instrumental de cualquier tema (desde el Levels de Avicii a sonidos afro latinos, voces metal, techno...) que en el momento de la explosión son sustituidas por su ya famoso "wiwiwiwiii". Y por supuesto, distorsiones a mansalva. No lo escribo con ánimo de infravalorarle ni mucho menos. Él mismo, recientemente, en una entrevista concedida a una revista digital checa respondió a la pregunta "¿Cómo definirías tu música?" con esto mismo: "Wiwiwiwi, prrrrr, wiwiwi, meeeec". Textual.

A la decena de remixes que abrieron la sesión le siguieron en la segunda parte sus temas originales, más interesantes desde un punto de vista musical. Singles como 'End of year' o 'Cinema' saltaron a escena para cerrar la sesión. Cierto es que en ese momento, el público parecía no disfrutar tanto. Tal vez el ajetreo pasó factura después de hora y media, pero lo cierto es que empalmar cuatro o cinco temas, llamémoslo puros, no acabó de satisfacer al soberano, que continuó abarrotando la sala hasta el punto y final. Como era de esperar, el californiano se llevó el calor del público a la conclusión. Ovación de gala.

Tras él saltaron a escena los Zombie Kids. Espantada de un tercio de la sala y popurrí al canto. ¿Se acuerdan del mítico programa de televisión española 'Noche de fiesta'?¿Recuerdan a la mujer vestida de tonadillera que hacía un popurrí de los "temazos" de la época? Pues a eso se dedicaron los hombres que han revolucionado las noches de los miércoles en Madrid. Un tema de los SHM por aquí, un remix de Korn por allá... El momento más lamentable de la noche llegó con ellos también, cuando dos raperos saltaron a escena. Uno de ellos, Chiri Vegas, espetó al público comentarios del porte "Me gusta la droga" o "Sois unos hijos de la gran p...a". Arte elevado a su máxima expresión e incitación a algo que cientos de amantes de la escena electrónica llevamos años intentando: Desestigmatizar la electrónica rompiendo el binomio electrónica-droga.

No obstante, eso pasó factura a los mutantes, ya que la gente, cual reguero, continuó abandonando la sala rumbo al amanecer a la fresca en la terraza o a una sala satélite donde el dubstep, más genuino en esta ocasión, seguía atronando por los cuatro costados.

La fiesta prosiguió hasta las siete de la mañana, pero de esa que ya no tiene como protagonista a la música. Una noche en la que un número uno del mundo en su estilo visitó la capital y arrasó como pocas veces otros han hecho. Y cierto que para los amantes de Skrillex era una noche mágica, ya que con toda no certeza no volverá a pisar la península en años vista.