Son las 12.45 de un domingo de principios de verano de 2011. Estoy sudado, huelo mal, me duele la cabeza, mi estómago ruge y la señora de al lado frunce el ceño cada vez que piensa en mi poca higiene personal. Viajo a Londres en un vuelo Ryanair. Reclino la silla para atrás mientras la tripulación se esmera para vender el Hello! Magazine. El reclamo principal es la visita de parte de la corona inglesa a Canadá. Los que no llegan a tiempo se conforman con un periódico sensacionalista que tiene en portada a la novia de Peter Crouch, jugador de la selección inglesa conocido principalmente por sus 2.02 de altura y su soltura en el área rival. La rumorología dice que el tipo lo remata todo. Sobretodo de noche y con unas cuantas copas de más. Mientras, espero con ansia a que el carrito de la comida pase por mi lado y así saciar mi hambre, a la vez que pienso en si alguien me estará esperando en el aeropuerto Stansted. Mi móvil está sin batería y no tengo adaptador inglés para mi portátil. Pero en mi laptop suenan temas de Soul Clap, Nicolas Jaar, James Blake, Agoria, Joash o Four Tet y, por un momento, dejo de pensar en cómo huelo, los rugidos de mi estómago, la señora de al lado que me mira mal y qué será de mi cuando llegue a Londres. Sólo disfruto el presente. La música. ¿Qué más podría necesitar siendo DJ?
Partí de casa a las 9.15am del día anterior hacia el aeropuerto de Girona. Mi destino era Monopoli, ciudad a camino entre Bari y Brindisi, al sureste de Italia. Pese a que vivo a 7 minutos del aeropuerto de El Prat-Barcelona, las comunicaciones con según qué ciudades hacen que tenga que utilizar en más de una ocasión la casa de operaciones de Ryanair en España. El vuelo salía a las 11.30am, así que no iba sobrado de tiempo ya que vivo a una hora y media de Girona. Pero quien me conoce sabe que ésta es una tónica principal en mi vida. Podríamos decir que la puntualidad nunca ha sido mi fuerte.... Así que ya os podéis imaginar como suelo encarar mis viajes de fin de semana around the World: corriendo. Mi cuerpo requiere cierta cuota de stress al día. Supongo que me va la marcha. Tampoco se vivir de otra forma. Al poco de salir de casa me percibí de que estaba en plena operación salida. Menuda cagada. La carretera estaba bastante cargada, llena de coches familiares con destino la Costa Brava y el sur de Francia. Cada vez que había un peaje se formaban grandes tapones, pero llegué al aeropuerto antes de que, supuestamente, fuesen a cerrar la puerta de embarque. Sin mucho margen, si, pero a tiempo. Lo que no sabía era que, en realidad, podría haber llegado pasadas las 12pm y no hubiera perdido el vuelo. La pantalla marcaba la salida estimada del vuelo a Brindisi a las 2.30pm. ¡Viva! 3 horas de retraso... Que finalmente se convirtieron en 4 y media. Pero eso no iba a ser lo peor. Aburrido esperando noticias sobre mi vuelo, fui a cargar mi Blackberry -la cual traje de casa tiritando- y me encontré que me había olvidado el cargador. Oh, qué putada. Si, pero la historia acaba de comenzar. Hace un mes y medio que empecé a trabajar con la nueva Audio 10 (Traktor Scratch Pro) de Native Instruments. Pues bien, como muchos sabréis, ésta va directamente a la corriente, a diferencia del modelo anterior que va al laptop. ¿Y qué tiene que ver con que me dejara la BB? Pues que, poco antes, en una actuación en Brisbane (Australia) me dejé la clavija -desmontable- que va junto al enchufe y utilizaba dicha clavija, valga la redundancia, de mi BB, la cual era igual que la del Audio 10. Resumiendo. No podía cargar la BB, pero tampoco podía utilizar el Traktor. Rápidamente avisé a mi manager italiano sobre lo sucedido. Antes de que el móvil muriese, le envié varias fotos del enchufe y le pedí que avisara al promotor de la situación para que fuese a comprar uno... o bien un cargador de BB. Con dicha compra tendríamos la situación solucionada. Pero como suele ser habitual si te llamas Coyu, la lógica no suele imperar en tu vida.
Llego al aeropuerto de Salento -ciudad cercana a Brindisi- pasadas las 6pm. Me recoge una pareja de chicos italianos y me llevan al hotel. Allí debería estar, supuestamente, el promotor de la fiesta. Digo supuestamente porque al final nos hizo esperar una hora y cuarto. Me moría de sueño y mi cuerpo pedía una cama a gritos. Pero aguanté hasta que vino. Sí, llegó, pero sin la clavija para mi Audio10 ni un cargador de BB. Lo que sí traía eran malas noticias: la fiesta, la cual se iba a realizar en un open-air en la playa, se iba a cancelar por problemas meteorológicos . La solución era pasar la fiesta a otro lugar. Eso sí, no podía pagarme el fee entero porque allá donde se hiciera la fiesta debía ser gratis por el cambio de ubicación. Al menos me iban a conseguir un Audio8 y buscarían un cargador para mi BB. Misión cumplida. Cansado, con menos pasta, pero al menos podría ir a Londres al día siguiente con móvil y, además, avisarles con antelación de que necesitaría un Audio8 para poder pinchar en la fiesta. Me fui a la cama, estuve estirado casi dos horas y dormí un par de ratitos. Pero descansé. Ducha y a cenar. El restaurante estaba lleno así que nos fuimos a un bar cercano a tomar unas cervezas. Me tomé dos de 40cl. En la cena media botella de vino tinto y un chupito de Jagger. Iba con el puntillo y bastante animado. Me explicaron que la nueva ubicación estaba al lado del mar y que también era open-air. Y así fue. El sitio era muy bonito y encima tenían un Audio8 para mi. Pero ni rastro del cargador de la BB. Allí me tomé un par de mojitos mientras pinchaba y, afortunadamente, rehusé tomar más chupitos. Lo pasé muy bien. Pude estrenar algún track de cosecha propia y la gente disfrutó. Al poco de acabar, pedí que me llevaran al hotel, el cual era un edificio del siglo 18 pero, como tal, no tenía wi-fi -única cosa que pido a los promotores por contrato-. Necesitaba imperiosamente escribir un email a mi manager. ¿La razón? Mi vuelo del domingo era al aeropuerto de Stansted, a dos horas de donde se realizaba la fiesta, en el sur de Londres, con lo cual tenía que coger un tren y que un runner me recogiese en una estación cercana a la fiesta. Pero tenía que avisar a ese runner de la hora en la que iba a llegar, porque al tener que coger vuelo+tren, era muy posible de que hubieran retrasos. ¿Pero cómo lo iba a hacer sin móvil? Escribí una nota en un archivo word y pedí que se lo enviaran a mi manager a través de un email tal cual llegasen a casa. Alguien tenía que avisar al promotor de que me tenían que ir a buscar sí o sí al aeropuerto. Me voy a dormir casi a las 6 de la mañana, no sin antes quedar en una hora de recogida. Mi vuelo salía a las 12.10, así que pedí que me recogieran a las 10 de la mañana. Pues bien, me meto en la cama, empiezo a soñar cosas raras y, en cuanto me doy cuenta, alguien llama a la puerta.
• Promotor: Bon giorno, are you ready?
• Coyu: Mmmm... gimme 5 minutes, please. I've to take a shower.
• Promotor: (Mostrándome el reloj) Eleven
• Coyu: What? Why didn't you wake me up before??? I'm gonna lost the flight to London!
Me pongo algo de ropa limpia y salgo pitando dirección al coche, donde me esperaban el promotor y la pareja que me recogió en el aeropuerto. Salimos a la carretera y lo primero que hace el promotor (que, obviamente, había dormido menos que yo y era quien conducía) era coger la dirección contraria. Eso es hacia Bari (norte) y no Brindisi (sur). Ya está. Adiós Londres. Yo ya me imaginaba como Tom Hanks tirado en una terminal. Pero al menos Hanks tuvo la suerte de quedarse a vivir en una terminal grande, el aeopuerto de Brindisi es de 30m2. ¿Habéis estado en el de Burgos? Pues más pequeño aún. Llegamos 5 minutos antes de que tuviera que salir el vuelo. Obviamente yo estaba ya convencido de que había perdido la opción de ir a Londres, tendría que cancelar el vuelo y puede que hasta quedarme en Italia un día más de lo deseado. Pues bien, llego al control de seguridad (era el único, ya que sólo había un vuelo) y dos pasos después estaba la puerta de embarque (la primera de dos que tiene el aeropuerto). Me miran el pasaporte y me dicen que el vuelo a Londres está más que cerrado. Hago un esfuerzo de teatro -al ser de Barcelona, me es más fácil... según Mourinho, claro- y, en un idioma muy usado por los italianos en Lloret de Mar -itañol- intento convencer a la azafata de que tenía que coger ese vuelo sí o sí. Al ser el aeropuerto tan ridículo (en tamaño) podía ver el avión Ryanair que me debía de trasladar hasta Londres. Lo veía ahí, a unos 50metros de mi. Tenía que cogerlo. Puse la cara más triste que os podéis imaginar... y le convenció. Eso sí, me dijo, sal corriendo porque están cerrando la puerta. Era cierto. Salí a la carrera, por en medio de la pista, y llegué al avión. La afazata me miró con cara rara. Lo mismo que la señora del asiento de al lado. Pero eso ya lo habéis leído antes.
Ahora faltaría escribir la segunda parte de la historia. Porque sí, aún me quedan mucha coyucadas por contar.
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