El paso de los años ha traído consigo el progreso, cambios importantes en la forma de entender una sesión de música electrónica y tambien en la forma en la que el público consume este “producto”. Han aparecido innumerables fórmulas y formatos, y en nuestro país se ha vivido un espectacular crecimiento de los festivales y de los eventos en formato masivo, pensados para miles de personas, en los que los grandes cabezas de cartel y los nombres más conocidos dan color a un cartel que finalmente completan habitualmente nombres poco conocidos o bien con cierta notoriedad en un ámbito más bien localizado en el área de influencia geográfica del festival en cuestión.
Todo esto, no sería malo de no ser porque se está perdiendo progresivamente la figura del “club”. Siempre he dicho que esta fórmula de grandes eventos sin que luego tengan una escena de clubes que los apoyen es como empezar la casa por el tejado. Nos falta ese ingrediente necesario para tener una escena consistente a nivel de público, y es lo que hace que la gente se mueva más por el “cartelón” que por una inquietud artística real. Para eso están los clubes: educan musicalmente al público, mostrándoles una música más underground de la que suele ponerse en los grandes festivales, y permitiéndoles disfrutar de artistas que no tienen cabida en los carteles de los macro eventos.
Hay otra característica de los clubes que les hace únicos. La coherencia musical y la progresión temporal: no es lo mismo escuchar lo que se pone en un club a las 00.30 que a las 05:00 de la madrugada. En los clubes, con unos residentes fijos que están semana tras semana pinchando en una cabina que ya se conocen como si fuera su propia casa, y con un público que en un porcentaje muy alto repite con mayor o menor asiduidad, las sesiones van yendo de menor a mayor intensidad y contundencia. Hoy quiero dedicarme a hablar de esos inicios de sesión, de un tipo muy particular de set y que es mucho más difícil de ejecutar bien de lo que muchos se creen.
Recuerdo que cuando aún me dedicaba a la música como un hobby y mi mayor ocupación los fines de semana era salir a consumir electrónica (principalmente techno, como podréis imaginaros), yo era de esos tipos raros que estaban desde muy pronto en la sala. Podría hablaros de las excepcionales primeras horas que hacía Bando en el club Emotion de Puerta de Toledo, de las lecciones musicales de Luis MF o Luismi del Pino (por aquel entonces conocidos como Luismi Grande y Luismi Chico jajajaja) en Family Club cuando pinchaban en los inicios de la noche, de los kilates del sonido techno que se escuchaba en Soma Experimental Club cuando apenas había pasado la medianoche, y dentro de otro estilo más house, tampoco se me olvidan las magistrales de sesiones de Juan Sánchez calentando la pista para JL Magoya o algún invitado en Deep. Incluso sin ser un club, Dj Muerto también nos regaló algunos warm up espectaculares en alguna fiesta SCSI.
Seguro que cada uno tenéis vuestros propios recuerdos y favoritos, pero ya os vais haciendo una idea…
En los clubes, los dj’s residentes crean la atmósfera apropiada durante la sesión de apertura. No es simplemente poner música suave. Es ir envolviendo poco a poco a la gente que va entrando, es demostrar tu elegancia en cabina y sorprender con una vuelta de tuerca a tu estilo habitual, generalmente más “deep”, con menos florituras en las mezclas, y mucho más cuidado en la selección musical, lo que generalmente implica la ausencia casi total de los típicos “temazos”. Es la oportunidad perfecta para poder escuchar muchas joyas difíciles de escuchar en otro horario.
El nombre “warm up” viene traído directamente del mundo de las carreras de coches y motos (“calentamiento”). Es una analogía bastante exacta de lo que viene significando este momento: una preparación para lo que viene después, pero no por ello menos necesaria e importante. Hacer un buen warm up no solo es hacer una buena sesión de apertura, es también hacerlo de manera apropiada en función del artista que va a pinchar después de ti: no es lo mismo prepararle la pista a Oscar Mulero, que a John Digweed, que a Marco Carola o a Dj Rush, por poner algunos ejemplos.
Por eso, en esta época en la que priman las fiestas puntuales y los grandes eventos, lo habitual es ver actuar en las primeras horas a dj’s que buscan su momento de gloria y su lucimiento personal, y que hacen su set de manera egoísta. Se pierde en gran medida ese sentido que tienen las sesiones en un club, y lo que se consigue es una concatenación de sesiones de distintos artistas con el agravante de que si el promotor no tiene un poco de cuidado al elaborar los horarios, provocan unos altibajos a lo largo de la noche que en ocasiones, a quien perjudican es precisamente a la gran estrella de la noche. Y además estamos criando una generación de jóvenes djs sin ninguna capacidad de maniobra a nivel musical, cerrados a un estilo y sin posibilidad de adaptarse a su papel en cada momento.
Por eso, desde aquí quiero homenajear a todos esos djs de ayer y hoy que han sido capaces de ejecutar este tipo de sesiones con maestría. En una época en la que prima el orgullo y el egoísmo en cabina, ellos han sabido “sacrificarse por el equipo” para darle una consistencia especial a nuestras noches de electrónica. Esa labor humilde y en muchos casos desapercibida para el público merece nuestro homenaje y nuestro reconocimiento.
No se vosotros, yo he comido chuletón muchas veces en mi vida… pero cuando además el aperitivo es bueno, incluso me sabe mejor!
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